El verdadero oficio de cada uno era tan solo llegar a sí mismo. Luego podía terminar en poeta o en loco, en profeta o en criminal. Eso no era cosa suya y, además, en último termino, carecía de todo alcance. Su misión era encontrar su destino propio, no uno cualquiera y vivirlo por entero, hasta el final. Toda otra cosa era quedarse a mitad del camino, era retroceder a refugiarse en el ideal de la colectividad, era adaptación y miedo a la propia individualidad interior.
Construimos jaulas de números para hacer prisionera la imaginación
No hay comentarios:
Publicar un comentario